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Introducción

 

Debido a la cantidad de órganos contenidos en el Abdomen y al sinnúmero de patologías que cada uno de esos órganos puede procurar, por años se ha comparado al abdomen con la Caja de Pandora.

Frente a un cuadro con síntomas abdominales, el médico no sabe con qué se puede encontrar. Su sagacidad clínica, su razonamiento y el buen uso de los métodos complementarios, le permitirán elaborar el diagnóstico correcto e implementar a tiempo el tratamiento adecuado.

 

Historia Clínica

 

Datos Personales

 

Nombre: Juan Carlos Moreno

Edad: 25 Años

Profesión: Coiffeur

Estado Civil: Soltero

Domicilio: 9 Julio 449 – Córdoba

Religión: -

Fecha de Int.: 25/06/1998

Sala: 4

Cama: 42

Nosocomio: Hospital de Urgencias

 

Motivo de Consulta

 

Dolor en fosa ilíaca derecha.

 

Antecedentes de la Enfermedad Actual

 

Paciente que relata que aproximadamente hace cinco horas comenzó con una molestia en epigastrio que se fue acrecentando hasta hacerse francamente dolorosa, de tipo cólico que duró dos horas para luego localizarse en fosa ilíaca derecha haciéndose de tipo punzante. No se acompaño de nauseas, vómitos ni diarrea. Presenta además fiebre objetivada por el paciente de aproximadamente 38oC.

El paciente relata haber tomado AAS con lo cual no cedió el dolor.

Hace cinco días atrás el paciente relata haber tenido episodios similares en FID pero menos intensos que cedían con reposo.

 

Antecedentes Personales Fisiológicos

 

Parto normal.

Crecimiento y desarrollo normal.

Estudios primarios completo.

No realizó servicio militar

 

Antecedentes Personales Patológicos

 

Enfermedad de la infancia: parotiditis, sarampión y varicela.

Traumatismos: no tuvo.

Quirúrgicos: prótesis mamaria a los 21 años y cirugía plástica facial.

Tóxicos: fuma 20 cigarrillos diarios desde los 16 años.

 

 

 

Antecedentes Heredofamiliares

 

Padre: vivo, HTA (tratado).

Madre:viva, sana.

Hermanos: no tiene.

Hijos: no tiene.

 

Antecedentes personales fisiológicos

 

Condiciones de concepción y nacimiento: parto eutócico.

Lactancia: si, por 4 meses.

Desarrollo somato mortológico: acorde con la edad.

Desarrollo psicointelectual: acorde con la edad.

Estudios realizados: primario y secundario.

 

Anamnesis Sistémica

 

Aparato circulatorio: sin particularidades.

Aparato respiratorio: sin particularidades.

Aparato urinario: sin particularidades.

Función psicointelectual: sin particularidades.

 

Examen Físico

 

Temperatura:38ºC

Talla: 175 cm

Peso: 77 Kg.

Nutrición: normal.

Hidratación: buena.

Conciencia: vigil.

Decúbito: activo electivo.

 

Piel y faneras.

 

Piel y mucosas de observan normales con temperatura de los miembros levemente disminuida. El paciente presenta hiperhidrosis.

El turgor y la elasticidad están conservadas.

 

TCS y ganglios.

 

El TCS se halla distribuido tipo feminoide. No se palpan adenomegalias, ni edemas.

 

Cabeza

 

Normocéfalo.

Motilidad ocular conservada, pupilas reactivas y esclerótica normal.

Nariz y pómulos con cirugía plástica.

Facie compósita.

Dentadura en buen estado.

Conjuntiva y mucosas húmedas.

 

Cuello

 

No se palpan ganglios.

Glándula tiroides normal.

No se auscultan soplos.

 

Tórax

 

Simétrico. Se observan prótesis mamarias, sin reacción fibrótica palpable.

No se observan deformidades óseas.

 

Respiratorio

 

Frecuencia respiratoria: 18/minuto. Regular del tipo costo abdominal.

Palpación: expansión de bases y vértices conservados.

Vibraciones vocales positivas.

Percusión: claro pulmonar. Excursión de bases 4 cm.

Auscultación: murmullo vesicular y respiración brónquica normales.

No se auscultan ruidos respiratorios agregados.

 

Cardio vascular

 

TA: 130/85mmhg.

FC: 90/minuto.

Pulsos: presentes, simétricos todos.

Auscultación: R1, R2, normofonéticos. No se auscultan ruidos sobre Agregados.

 

Abdomen

 

Simétrico sin deformidades ni cicatrices.

Presenta reacción de defensa, dolor y signo de irritación peritoneal, Blumberg positivo.

 

Génito urinario

 

Puño percusión dudosamente positivo del lado derecho.

Puntos renoureterales positivos del lado derecho.

 

Osteoarticular

 

No deformidades, no dolores articulares.

 

Neurológico

 

Paciente orientado en tiempo y espacio.

Pares craneales sin particularidades.

Motilidad tono y trofismo conservado.

Fuerza muscular conservada, al igual que la sensibilidad profunda y superficial.

Taxia y Praxia sin particularidades.

 

Diagnóstico presuntivo.

 

Apendicitis aguda

 

 

 

Anatomía

 

 

Apéndice Vermicular

 

El apéndice es una prolongación del ciego que nace de su pared interna a 2 ó 3 cm por debajo del orificio ileocecal.

Mide cerca de 7 a 8 cm de longitud y de 4 a 8 mm de diámetro.

El apéndice representa el segmento terminal, de calibre reducido, del ciego primitivo.

Su punto de implantación está situado al principio en la extremidad misma del ciego. Así se le encuentra todavía en el recién nacido. A continuación, el origen del apéndice es poco a poco trasladado a la pared medial, debido a la preponderancia del desarrollo de la pared lateral (Quénu y Heitz-Boyer).

 

Configuración

 

El apéndice tiene generalmente la forma de un tubo cilíndrico más o menos flexuoso. Su cavidad es, también, en forma bastante regular, cilíndrica. Se abre en el ciego por un orificio provisto a veces, pero raramente, de un repliegue mucoso conocido con el nombre de válvula de Gerlach.

 

Relaciones

 

El apéndice se dispone, con relación al ciego, de manera muy variable. Lo más a menudo, desciende a lo largo de la cara medial del ciego (situación normal o descendente); a veces se dirige siguiendo una dirección oblicua o transversal, por la cara anterior del ciego (situación prececal) o por su cara posterior (situación retrocecocólica); a veces, también, contornea de izquierda a derecha el fondo del ciego y sube por su cara lateral (situación subcecal) finalmente, puede dirigirse oblicua o transversalmente hacia dentro, po debajo del ileon (situación interna).

Como el apéndice está unido al ciego, presenta con los órganos vecinos relaciones que no solamente difieren de acuerdo con su situación respecto al ciego, sino también según que el ciego esté en situación normal, alta o baja.

Cuando el ciego y el apéndice están en situación normal, éste corresponde: hacia fuera, a la cara interna del ciego; hacia adentro, a las asas delgadas; hacia delante, a las asas intestinales y a la pared abdominal; hacia atrás, a la fosa ilíaca y a los vasos ilíacos externos.

La extremidad inferior del apéndice puede descender en la cavidad pélvica y ponerse en relación con las vísceras de esta cavidad (vejiga, recto, útero, ovario, ligamento ancho). Cuando el ciego está en situación alta o baja, el apéndice presenta con las paredes o el contenido de la cavidad abdominopélvica las mismas relaciones que la parte del ciego que le es contigua.

 

 

Peritoeno Cecoapendicular

 

A nivel del ángulo ileocólico, las dos hojas de la extremidad inferior del mesenterio se continúan una por la cara anterior y otra por la cara posterior del ciego y envuelven este órgano, así como el apéndice. Las dos hojas peritoneales se continúan una con otra en la cara externa y en el fondo del ciego y también en uno de los bordes del apéndice, de tal manera que el ciego y el apéndice están rodeados por el peritoneo y son móviles dentro de la cavidad abdominal.

El peritoneo cecoapendicular está levantado en ciertos puntos por los vasos que se dirigen al ciego y al apéndice. De ello resultan pliegues y depresiones dispuestos de la manera siguiente.

La arteria cecal anterior cruza el ángulo comprendido entre la cara anterior del íleon y la del ciego y levanta el peritoneo formando un repliegue mesentericocecal, extendido desde la cara anterior del mesenterio a la cara anterior del ciego.

La arteria apendicular, que se dirige al apéndice pasando por detrás del íleon, forma de la misma manera el mesoapéndice, que va desde la cara posterior del mesenterio al borde superior del apéndice.

Finalmente, la arteria apendicular da algunas veces una rama recurrente que se dirige desde el borde superior del apéndice al íleon. Esta rama levanta igualmente el peritoneo y forma un pliegue ileoapendicular inconstante, extendido desde el apéndice al íleon.

Estos tres pliegues determinan la formación de dos fositas: una, llamada fosita ileocecal; otra, la fosita ileoapendicular, inconstante, está comprendida entre el pliegue ileoapendicular, por delante y el mesoapéndice por detrás.

Se encuentra también bastante a menudo, por detrás del ciego, una fosita retrocecal procedente de la soldadura incompleta de la pared posterior del ciego con el peritoneo parietal. El proceso de adhesión por el cual el colon ascendente se une a la pared se prolonga a veces sobre el ciego, y la soldadura de éste al peritoneo parietal puede hacerse solamente a lo largo de los bordes externo e interno de su cara posterior. Se forma así un receso retrocecal abierto hacia abajo; es la fosita retrocecal.

El mesoapéndice está a menudo unido al ligamento ancho por un pliegue peritoneo, el ligamento apendiculoovárico; pero este ligamento no contiene vasos linfáticos que unan las redes del apéndice con las del ovario.

 

Vasos y nervios

 

Las arterias del ciego son las arterias cecales anterior y posterior, ramas de la arteria ileocólica. El apéndice está irrigado por la arteria apendicular, que nace más comúnmente de la arteria cecal posterior y a veces, de la ileocólica. Las venas son satélites de las arterias y tributarias de la vena mesentérica mayor. Los linfáticos del ciego siguen el trayecto de los vasos sanguíneos, atravesando a menudo pequeños ganglios de relevo cecales anteriores y cecales posteriores, se vierten en la cadena ganglionar ileocólica.

Los linfáticos del apéndice se dirigen también a los ganglios de la cadena ileocólica, directamente o después de haber atravesado algunos nódulos que contiene a veces el mesoapéndice. Los nervios vienen del plexo solar por el plexo mesenterio superior.

 

 

Histología

 

El ciego es un saco cerrado que se encuentra en el extremo próxima del colon y cuya estrecha porción terminal se denomina Apéndice Verciforme.

La estructura del ciego es similar a la del intestino grueso, el apéndice tiene también estructura semejante, pero en miniatura y carece de bandas.

Sus glándulas son tubulares simples, a veces bifurcadas.

El epitelio se compone en su mayor parte de células mucosas. Los folículos linfáticos son abundantes y más o menos confluentes.

El rasgo histológico más importante del apéndice es el gran desarrollo de los vasos y del tejido linfático.

La luz del apéndice normal en el adulto, cuando esta vacío, presenta pliegues entre los cuales se observan cavidades profundas. Pero estas condiciones normales, escasamente se encuentran en el 50% de los individuos de mas de 40 anos, debido a apendicitis pasadas. A menudo la luz esta estrechada, el tejido linfático y el epitelio borrado, reemplazado por tejido fibroso.

 

Cuadro clínico y diagnóstico.

 

El cuadro clínico suele instaurarse en pocas horas. La secuencia clásica de los síntomas es la siguiente: dolor abdominal, náuseas, vómitos, dolor a la presión en la fosa ilíaca derecha y fiebre. Cuando el orden de aparición de estos síntomas es diferente debe reconsiderarse el diagnóstico. El dolor es el síntoma más constante. Con frecuencia, el paciente relata una historia de dispepsia leve durante los 2-3 días previos. En forma característica el dolor aparece por la noche, en general en el epigastrio o la región periumbilical; otras veces es difuso en todo el abdomen o, con menor frecuencia, se localiza directamente en la fosa ilíaca derecha. Es un dolor continuo, de intensidad moderada, que aumenta con la tos, los movimientos respiratorios o la deambulación y no cede al emitir ventosidades ni tras el vómito. Puede tener exacerbaciones cólicas y obliga a guardar cama. A las pocas horas se localiza definitivamente en la fosa ilíaca derecha y en algunos pocos casos puede presentar irradiación testicular. El origen del dolor es la distensión de la luz apendicular. Una mejoría brusca del dolor suele indicar perforación del órgano. Al palpar el abdomen se aprecia dolor a la presión profunda y puede observarse ya rigidez refleja de la pared abdominal en la fosa ilíaca derecha. No obstante, la aparición de rigidez parietal, inconstante, demuestra ya la existencia de irritación del peritoneo parietal (peritonitis localizada), con lesiones apendiculares avanzadas. No hay que esperar la aparición de rigidez parietal para establecer el diagnóstico. El punto de máximo dolor a la presión se sitúa en el punto medio de la línea que une el ombligo con la espina ilíaca anterosuperior (punto de MacBurney) y, con mayor frecuencia, en el punto de Lanz, límite entre los tercios derecho y medio de la línea interespinal superior. El signo de la descompresión dolorosa del abdomen (signo de Blumberg) revela irritación peritoneal. Con frecuencia puede observarse una ligera flexión de la cadera por irritación del músculo psoasilíaco. La extensión de la extremidad inferior derecha provoca intenso dolor. Asimismo, la rotación interna del muslo con la pierna flexionada puede desencadenar dolor, por irritación del músculo obturador. Puede existir hiperestesia cutánea en el cuadrante inferior derecho del abdomen. El tacto rectal, que debe realizarse siempre, permite confirmar la existencia de dolor a la presión del fondo de saco peritoneal del lado derecho, y a menudo la maniobra de San-Martino (distensión del esfínter anal) permite precisar la localización del dolor y la contractura abdominal. Aproximadamente el 95% de los pacientes presentan anorexia, náuseas y vómitos. El vómito no mejora la sensación nauseosa ni el dolor abdominal. La fiebre no es muy alta (37,5-38,5 °C). La aparición desde el inicio de fiebre elevada y escalofríos debe hacer pensar en otro diagnóstico (p. ej., pielonefritis) o en perforación apendicular. Con frecuencia, cuando la temperatura axilar todavía se halla sólo discretamente aumentada, puede observarse ya una diferencia de más de 1 °C con la temperatura rectal (disociación axilorrectal).

La localización del apéndice y la edad del paciente pueden alterar sustancialmente el cuadro clínico descrito. En los casos de apéndice de localización retrocecal o retroileal, el dolor abdominal puede ser poco intenso, no se produce la secuencia de localización epigástrica inicial y posterior irradiación a la fosa ilíaca derecha y aun en presencia de lesiones avanzadas no se observa rigidez parietal. Con frecuencia existen síntomas urinarios (polaquiuria), por irritación directa del uréter. En las apendicitis pélvicas el dolor suele ser intenso en el hipogastrio y, en ocasiones, en el cuadrante inferior izquierdo. Puede existir tenesmo rectal y vesical, y la rigidez parietal suele estar ausente. En los ancianos, el dolor es poco intenso, la fiebre a menudo está ausente y apenas se observa rigidez parietal, lo que puede determinar que su diagnóstico sea muy tardío. En el embarazo, el desplazamiento del ciego hacia arriba puede motivar que el dolor a la palpación sea más intenso en el vacío o en la región subcostal derechos. Existen formas graves en las que se produce una destrucción gangrenosa rápida del apéndice, con peritonitis difusa por perforación en sólo 8-24 h. La presencia de escalofríos, taquicardia intensa, rigidez abdominal y leucocitosis acusada debe alertar sobre la gravedad de la situación. Si al cabo de 48 h de la aparición del dolor el paciente no es intervenido, se origina un tumor inflamatorio o plastrón apendicular, formado por el apéndice afecto al que se adhiere el epiplón y las asas intestinales vecinas, que puede palparse fácilmente como una tumoración redondeada en la fosa ilíaca derecha. En este momento no debe indicarse la laparotomía. El reposo en cama y los antibióticos ayudan a resolver el proceso. La aparición, en esta fase, de fiebre alta, escalofríos y aumento del dolor abdominal, junto a la reaparición de signos de irritación peritoneal, deben hacer sospechar la abscedación del plastrón, que se confirmará mediante radiología abdominal directa y/o ecografía. Si ello sucede, el absceso debe drenarse quirúrgicamente, sin intentar practicar la apendicectomía, que deberá realizarse una vez resuelto el absceso. Si éste no es drenado, puede abrirse a la cavidad peritoneal y provocar una peritonitis secundaria y GASTROENTEROLOGÍA sepsis. La pileflebitis es, en estos casos, una complicación posible; la aparición de ictericia, fiebre elevada y escalofríos intensos debe hacer pensar en esta rara posibilidad. Por último, el plastrón apendicular puede organizarse y ocasionar la aparición de un verdadero tumor inflamatorio, que engloba el ciego, el epiplón, el apéndice y asas intestinales. Suele manifestarse por sintomatología suboclusiva y detectarse por la palpación de una masa dura en el cuadrante inferior derecho del abdomen. Los estudios radiológicos (enema opaco, enteroclisis) permiten identificar, la mayoría de las veces, la naturaleza del tumor. La práctica de hemicolectomía derecha en estos casos es la técnica quirúrgica de elección. En algunos casos el primer ataque de apendicitis puede resolverse espontáneamente, para reaparecer más tarde (apendicitis crónica recidivante). Ésta es la única forma clínica de la mal llamada "apendicitis crónica". Las únicas formas verdaderas de apendicitis crónica las producen los granulomas tuberculosos, amebianos o actinomicóticos o son secundarias a enfermedad de Crohn apendicular. Las exploraciones complementarias pueden ayudar al diagnóstico. El hemograma muestra leucocitosis con desviación a la izquierda, disminución del número de eosinófilos y linfopenia. La velocidad de sedimentación globular, contra-riamente a lo que ocurre en otros procesos inflamatorios próximos (anexitis, pielonefritis), no suele estar aumentada. La radiología abdominal directa puede ser de gran ayuda en casos de duda diagnóstica, pero debe recordarse que la historia clínica y los hallazgos de la exploración física suelen ser suficientes para que el médico avezado establezca el diagnóstico. La participación del íleon terminal y del ciego en el proceso inflamatorio originan un aumento de la secreción intestinal hacia la luz, lo que a menudo determina la aparición de pequeños niveles hidroaéreos en el cuadrante inferior derecho del abdomen. Su observación eleva la probabilidad diagnóstica al 80-90%. No obstante pueden observarse en casos de anexitis, diverticulitis y en otros procesos. La presencia de un coprolito se observa en el 8-10% de las apendicitis agudas. El hallazgo de un cálculo apendicular en presencia de síntomas se asocia con frecuencia a apendicitis gangrenosa o perforada. La existencia de gas en la luz apendicular, con el apéndice en posición correcta, denota infección por gérmenes productores de gas y es signo de apendicitis gangrenosa. Cuando el apéndice está en posición subhepática, puede contener gas en su luz, aun en condiciones de normalidad.

En ocasiones, un asa ileal puede quedar fijada y/o torsionada por el flemón apendicular, ocasionando un patrón radiológico de íleo mecánico, que simula una obstrucción mecánica del intestino delgado. El examen radiológico mediante enema opaco puede mostrar irregularidades del fondo cecal que contribuyen en casos necesarios a establecer el diagnóstico. El diagnóstico diferencial debe establecerse fundamentalmente con linfadenitis mesentérica, procesos del tracto urogenital, ileítis de diversa etiología, divertículo de Meckel e, incluso, con procesos supradiafragmáticos (neumonía) y en-fermedades sistémicas. La linfadenitis mesentérica se observa en la infancia y la adolescencia; las náuseas y los vómitos suelen preceder al dolor y la fiebre es por lo general elevada (38,5-39,5 °C). En las pielitis y pielonefritis, la fiebre alta y los escalofríos suelen aparecer al inicio del cuadro y el dolor irradia a la zona lumbar. Con frecuencia hay disuria y polaquiuria. En las salpingitis agudas, la fiebre es también elevada, el dolor es más difuso, con frecuencia bilateral, y suele aparecer leucorrea abundante. La torsión de un quiste de ovario suele ser afebril, causa un dolor muy intenso, con frecuencia se asocia a hipotensión mantenida y muchas veces puede palparse una tumoración renitente y redondeada en el cuadrante inferior derecho del abdomen. El dolor en la mitad de ciclo causado por la rotura de un folículo ovárico, durante la ovulación, puede ser bastante intenso y acompañarse de fiebre y leucocitosis. Los síntomas suelen remitir espontáneamente en 24 h. La rotura de un embarazo ectópico puede ocasionar dolor abdominal intenso y fiebre; el shock y la anemia aguda orientarán el diagnóstico. La ileítis por Yersinia enterocolitica puede provocar un cuadro abdominal indistinguible del de la apendicitis. Con frecuencia existen poliartralgias, eritema nudoso o dolores musculares, que ayudan en el diagnóstico diferencial. Un cuadro similar puede aparecer en la ileítis terminal aguda por enfermedad de Crohn. En caso de duda debe recurrirse a la laparotomía. La diverticulitis de Meckel puede originar un cuadro clínico idéntico a la apendicitis. Suele aparecer en niños, entre los 5 y los 15 años. El dolor puede ser más central, dato que, junto a la edad del paciente, puede orientar el diagnóstico, que debe confirmarse mediante la administración de contraste baritado por vía oral. El divertículo de Meckel se localiza habitualmente en el borde antimesentérico del íleon, a unos 80-100 cm de la válvula ileocecal. Aparte la diverticulitis, puede originar otras complicaciones, como hemorragia (con frecuencia contiene mucosa gástrica ectópica, que puede ulcerarse), perforación u obstrucción intestinal secundaria a invaginación. Las neumonías de la base pulmonar derecha y el dolor abdominal que se presentan en enfermedades sistémicas (tabes dorsal, saturnismo, vasculitis sistémica) pueden asimismo, en ocasiones, simular una apendicitis aguda.

 

Tratamiento

 

Una vez realizado el diagnóstico preoperatorio de apendicitis aguda no complicada, se debe proceder a la apendicectomía sin demoras. Estos pacientes no requieren de una preparación especial. Se efectúa un estudio prequirúrgico mínimo, que consiste en Rx de tórax, electrocardiograma y valoración cardiológica, análisis de laboratorio (hematócrito, urea, glucemia y recuento de glóbulos blancos). El tratamiento antibiótico no está indicado. Sin embargo, se debe realizar profilaxis, la cual se basa en una sola dosis de antibiótico una hora antes de la cirugía. Si los hallazgos operatorios muestran infección fuera de los límites del apéndice, se instaura tratamiento antibiótico en el postoperatorio.

En la actualidad, la resección del apéndice se puede hacer por vía abierta, o por vía laparoscópica. Cualquiera que sea la vía utilizada los pasos son similares.

  1. Ligadura y sección del mesoapéndice que incluye la arteria apendicular.
  2. Sección del apéndice e invaginación del muñón apendicular.

En los casos en que se identifique la base del apéndice, pero la punta está adherida y no es posible aislarla con facilidad, se puede hacer una apendicectomía retrograda. Con esta técnica se secciona primero la base del apéndice y luego se liga el mesoapéndice avanzando desde la base hacia la punta.

 

 

 

 

 

 

Comentario Final

 

"Cuando todo el humo denso se esfumó en el aire

y el cofre parecía vacío, Pandora miró al interior,

y vio todavía un gracioso pajarraco de alas tornasoladas.

Era la Esperanza, el único bien que queda a los mortales

para consolarles de su desventura"

 

 

 

Recalcamos que todo Abdomen Agudo es una urgencia médica en la cual las determinaciones deben ser correctas y llevadas a cabo rápidamente.

El paciente es conciente de la gravedad de la patología, consciente de su "desventura", y pone en manos del médico la "esperanza" de la curación.

 

 

 

 

Bibliografía

  • Farreras-Rozman. TRATADO DE MEDICINA INTERNA.
  • Manan, Chist. SEMIOLOGÍA QUIRÚRGICA.
  • Ferraina, Pedro; Oría, Alejandro. CIRUGÍA DE MICHANS.
  • H. Rubiere; A. Delmas. ANATOMÍA HUMANA

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